1.1.3 CONCILIACIÓN DE LAS CUENTAS POR SECTOR INSTITUCIONAL
El proceso de conciliación surge de la necesidad de eliminar, para cada instrumento u operación, las discrepancias existentes al momento de contrastar la información compilada previamente para cada uno de los sectores. Las discrepancias se pueden originar por diferencias en los registros contables utilizados en la elaboración de la cuenta de cada sector, donde una misma transacción entre dos unidades participantes puede ser identificada de manera disímil –por ejemplo, por diferencias en la distinción entre corto plazo y largo plazo, dependiendo si el criterio de clasificación fue realizado según el plazo residual respecto de la fecha de vencimiento o según el plazo original en relación a la fecha emisión del instrumento– o valorada de manera distinta –por ejemplo, valor de mercado versus valor contable–, y puede variar su momento de registro y/o el nivel de agregación (o desagregación) presente en las fuentes existentes.
Para eliminar las discrepancias y alcanzar los equilibrios, se realiza un proceso de conciliación, sobre cada una de las transacciones de cuentas corrientes, de acumulación y balances. Dicho equilibrio, conocido como “consistencia horizontal”, se alcanza cuando los empleos se igualan a los recursos y los activos financieros se igualan a los pasivos, para cada uno de los instrumentos (figura 1.1).
El proceso de conciliación se rige por el principio de partida doble, es decir, en un mismo agente económico toda transacción da origen a dos registros, una como ingreso/pasivo y otra como gasto/activo, de manera que el sistema contable permanece equilibrado. Implica, además, la aplicación de la partida cuádruple basada en el criterio de la partida doble y considerando la interacción de dos agentes.
Respecto del principio de partida doble, se tiene que cualquier decisión de conciliación, como ajustar un activo al aceptar el valor del pasivo, debe implicar un ajuste en el sector del activo por el monto de la diferencia, ya sea en las cuentas financieras o en las cuentas corrientes, para mantener el sistema equilibrado.
En cuanto al principio de partida cuádruple, surge al momento de determinar el sector de contrapartida para cada una de las transacciones, es decir, con quién se realizan las transacciones registradas. En este sentido, este principio permite conciliar la información de un sector con la del sector de contrapartida a través de la jerarquización de fuentes.
Bajo este método, generalmente, se concilian las cuentas financieras y de balances lo que da origen a las llamadas matrices de quién a quién. Estas corresponden a una presentación tridimensional, donde se explicitan las dos partes de la transacción en cuestión –el deudor y el acreedor– y el instrumento financiero objeto de la transacción.
El proceso de conciliación permitirá, por ende, obtener una visión unificada de la información elaborada, buscando alterar de forma acotada el equilibrio vertical inicialmente construido, y, al mismo tiempo, asegurando la “consistencia horizontal” del sistema.