Resumen IPoM septiembre 2026
Resumen IPoM septiembre 2026
La economía local se ha debilitado en el transcurso del año, con una demanda interna que se desaceleró durante el segundo trimestre. Ello ocurrió a la par del deterioro del mercado laboral, de los indicadores de confianza y de los efectos negativos del alza de los combustibles en el ingreso de empresas y hogares. Así, mientras a principios de año predominó el impacto de factores de oferta en el PIB, su evolución reciente incorpora el bajo desempeño del gasto interno. La inflación ha seguido una trayectoria coherente con lo anticipado en el IPoM de junio, incidida de forma importante por el precio de los combustibles, en medio del conflicto en Medio Oriente. Respecto de las proyecciones, los cambios del escenario central se concentran en el ámbito local. Para 2026, las perspectivas de crecimiento del PIB se reducen respecto de junio desde 1,0-1,75% a 0,25-0,75%, debido a los efectos de la desaceleración de la demanda, las consecuencias de condiciones climáticas adversas en varios sectores durante el trimestre en curso y una menor producción minera. A partir del próximo año, la implementación de Ley de Reconstrucción proveería un mayor impulso a la actividad, principalmente a través de la inversión. La proyección de inflación no presenta cambios sustantivos, en lo que se combinan un shock de costos que continúa siendo relevante y una demanda más debilitada en el corto plazo, pero que se recuperaría dentro del horizonte de proyección. Se prevé que la inflación total alcanzaría valores del orden de 3% en el segundo trimestre de 2027. El Consejo estima que será necesaria la constante evaluación de escenarios alternativos en que la respuesta de la economía mundial y local pueda configurar trayectorias de la inflación distintas de las esperadas y requiera cambios en la política monetaria. De este modo, la evolución futura de la Tasa de Política Monetaria (TPM) seguirá evaluándose Reunión a Reunión en función del desarrollo de los acontecimientos.
En líneas generales, los registros inflacionarios de los últimos meses han sido coherentes con lo anticipado en el IPoM de junio. La variación anual del IPC total ha oscilado alrededor de 4%, mientras que la del indicador subyacente —sin volátiles— lo ha hecho entre 3,2 y 3,4% (gráfico 1). En gran parte, la inflación ha continuado determinada por el alza del valor de los combustibles, cuyo traspaso a otros precios ha seguido los patrones históricos. Las expectativas inflacionarias a dos años plazo se ubican en torno a 3% anual en sus distintas mediciones.
La actividad mantuvo un bajo desempeño en los últimos meses. En el segundo trimestre, la variación anual del PIB total y del PIB no minero fue -0,2 y 0,7%, respectivamente (-0,3 y 0,2% en el primero), ambas cifras menores que lo previsto en junio. En ese mismo período, medida en términos desestacionalizados, la actividad total no registró cambios comparada con el trimestre anterior y la no minera se redujo 0,1%. En julio, el Imacec tuvo una caída anual de 1,5%, en buena parte influido por la menor producción minera y por el efecto de las condiciones climáticas adversas en varios rubros.
Mientras que a inicios de año la debilidad de la economía se debió, principalmente, a factores de oferta, en meses recientes se apreció una desaceleración de la demanda interna tanto en la parte pública como privada. La expansión anual del gasto local disminuyó desde 2,3 a 0,1% entre el primer y el segundo trimestre, con menores tasas de crecimiento de la formación bruta de capital fijo (FBCF) y del consumo privado. El gasto fiscal también consignó un aumento más acotado durante los últimos meses (gráfico 2).
En el caso del gasto privado, su desempeño se dio a la par del deterioro de algunos de sus determinantes. Entre ellos, los índices de confianza de empresas y hogares tuvieron un marcado descenso a partir de fines del primer trimestre, en lo que han influido factores tanto del ámbito local como externo (Recuadro I.3). Se agrega el impacto del mayor precio de los combustibles en los ingresos, que también incide en las expectativas. De todas formas, en el margen se aprecia un leve repunte en algunos indicadores —IMCE e IPEC (gráfico 3).
También se observa un deterioro del empleo que ha afectado los ingresos de los hogares. De hecho, los últimos datos del INE muestran una destrucción de puestos de trabajo, sobre todo en el segmento formal, con una tasa de desocupación que subió hasta 9,5% (9,3% desestacionalizada) (gráfico 4). Ello ha llevado a un menor crecimiento real de la masa salarial.
En general, el mercado laboral chileno ha mantenido un desempeño débil tras la pandemia, en lo que se combinan factores de carácter persistente y algunos cíclicos (Recuadro I.2). Como se señaló en Informes anteriores, parte de ello responde al importante incremento de los costos laborales durante los últimos años. Se suman antecedentes que apuntan al rol del proceso de automatización, mediado por la alta exposición de ciertas ocupaciones a estos cambios y una reducción en el costo relativo de la tecnología respecto del trabajo. Sobre los factores cíclicos, la mayor debilidad de la demanda interna también ha restado impulso al empleo, especialmente en los rubros más intensivos en mano de obra, como la construcción.
En cuanto a la FBCF, su comportamiento estuvo afectado por la sostenida debilidad del sector inmobiliario, el término de algunas iniciativas de gran tamaño y la postergación de inversiones. El último Informe de Percepciones de Negocios (IPN) indica que una fracción de empresas aplazó sus proyectos ante el deterioro de la economía en el segundo trimestre y a la espera de la aprobación de la Ley de Reconstrucción, que se encontraba en trámite legislativo hasta hace unas semanas. Se suma una caída relevante del gasto en inversión pública en el primer semestre.
En todo caso, las perspectivas para la FBCF continúan siendo favorables. El último catastro de la Corporación de Bienes de Capital reportó un aumento de 15% de los montos totales de inversión previstos para el bienio 2027-2028. Ello se da en un contexto en que el precio del cobre se ubica en niveles elevados y su supuesto de mediano plazo se revisa al alza (Recuadro II.1), y en que la Ley de Reconstrucción impulsaría la inversión privada (gráfico 5).
Los desarrollos en torno al conflicto en Medio Oriente siguen dominando el escenario externo, con una escalada de las hostilidades en los días previos al cierre estadístico de este IPoM. Más allá del aumento reciente, las proyecciones del precio del petróleo tienen cambios acotados respecto de junio. Se asume un valor de US$79 (promedio Brent-WTI) para el período 2026-2028, que se compara con US$81 en el IPoM pasado (gráfico 6).
La actividad mundial continúa impulsada por el auge de la inteligencia artificial (IA). Esto ha favorecido sobre todo a los países más involucrados en la cadena productiva tecnológica, con un alza del crecimiento esperado en varias economías asiáticas. Asimismo, explica gran parte del dinamismo de la actividad en Estados Unidos (gráfico 7).
Sin embargo, hay crecientes dudas sobre la capacidad de las empresas ligadas a la IA para mantener el alto ritmo de inversión actual, en un contexto en que sus niveles de endeudamiento han aumentado. Dichas interrogantes han influido en una mayor volatilidad del valor de las acciones del rubro tecnológico, que excede a la de otros títulos (Recuadro I.1).
El alza del precio del petróleo, además de la resiliencia global y la comunicación de algunos bancos centrales, renovó las preocupaciones por la inflación y elevó el tono restrictivo de las expectativas para la política monetaria en el mundo. En lo que resta del año, se anticipan alzas de las tasas rectoras en Europa —donde ya subió en junio—, Inglaterra y Estados Unidos, entre varias economías.
Lo anterior, junto con la competencia por los recursos para financiar las masivas inversiones en IA, ha influido en el alza de las tasas de interés de largo plazo. Durante las últimas semanas, estas han escalado hasta valores no vistos en varias décadas (gráfico 8). El avance ocurre en medio de un aumento de la emisión de bonos corporativos para el financiamiento de las inversiones en IA y de crecientes necesidades de recursos fiscales en el mundo desarrollado.
PROYECCIONES
Los principales cambios del escenario central de proyecciones recaen en la economía local. Para 2026, se conjugan la mayor debilidad del gasto interno, los efectos negativos del clima en varios rubros durante el tercer trimestre y una menor producción minera. Esto lleva a ajustar el rango de crecimiento del PIB desde 1,0-1,75 a 0,25-0,75%. El consumo y la FBCF completarían 2026 con tasas de variación anual de 1,7 y -0,3%, respectivamente (ambos 2,2% en el IPoM anterior).
El escenario central incorpora la aprobación de la Ley de Reconstrucción. En él, se supone que esta proveería un estímulo relevante a la inversión a partir del próximo año, apoyado en otras medidas de fomento a esta parte del gasto puestas en marcha en los últimos años. Esta mayor inversión cooperaría a una mejora del mercado laboral y de la confianza, apuntalando el consumo privado. En total, la proyección considera en torno a 0,5 puntos porcentuales de mayor crecimiento anual en 2027 y 2028 producto de la Ley. En todo caso, su proceso de implementación podría llevar a un impulso macroeconómico distinto del previsto.
Con esto, a partir del próximo año, se espera que la economía retome mayores tasas de expansión. Ello incorpora, además, que se irían disipando los factores de oferta que la afectaron durante este año y que no habría disrupciones significativas por eventos climáticos. En la parte fiscal, en 2027 y 2028 se considera el gasto nominal comprometido reportado en el último Informe de Finanzas Públicas.
En este contexto, se proyectan rangos de crecimiento del PIB entre 2 y 3% en 2027 y entre 2,25 y 3,25% en 2028 (2-3% y 1,75-2,75% en junio, respectivamente) (gráfico 9). En el escenario central, la FBCF y el consumo privado retomarían tasas de expansión más altas que en 2026. La FBCF aumentaría 8,1% en 2027 y 7,1% en 2028 (5,0 y 3,2% en junio, respectivamente), mientras el consumo privado crecería 2,1 y 2,7% en 2027 y 2028, respectivamente (2 y 2,2% en junio).
El impulso externo que recibiría la economía chilena no muestra mayores cambios respecto de junio. En el escenario central, para el período 2026-2028, se consideran proyecciones de crecimiento mundial y de socios comerciales en torno a 3%, similares a las del IPoM previo. La evolución prevista de los términos de intercambio es más favorable, principalmente por las mejores perspectivas para el precio del cobre. Por su parte, las condiciones financieras internacionales serían algo más estrechas de la mano del alza de las tasas de interés.
La proyección de inflación total se mantiene algo por encima de 4% para fines de 2026 y reitera su convergencia a valores del orden de 3% en el segundo trimestre de 2027. Para la medición subyacente, las estimaciones continúan alrededor de 3% durante gran parte del horizonte de proyección (gráfico 10).
En lo inmediato, el comportamiento de la inflación estaría determinado por la interacción de los efectos opuestos de las menores presiones de demanda y shocks de costos que siguen siendo relevantes. La proyección vuelve a considerar que estos shocks se propagarán conforme a patrones históricos y que el tipo de cambio real se ubicará en sus valores de largo plazo en los próximos trimestres. Respecto de lo supuesto en junio, por un lado, incorpora un crecimiento más alto de las remuneraciones por hora en función de los registros más recientes y mayores perspectivas para los precios externos de los derivados del petróleo. Por otro, considera que el bajo desempeño de la demanda interna ayudará a contener estas mayores presiones de costos.
POLÍTICA MONETARIA
El escenario macroeconómico sigue sujeto a un grado de incertidumbre mayor que el habitual. Por un lado, siguen presentes los riesgos asociados al conflicto en Medio Oriente, que incluso se han intensificado en lo más reciente. Por otro, si bien se anticipa que la economía local retomará impulso hacia 2027, no puede descartarse que su debilidad actual sea más persistente que lo previsto. El Consejo estima que será necesaria la constante evaluación de escenarios alternativos en que la respuesta de la economía mundial y local pueda configurar trayectorias de la inflación distintas de las esperadas y requiera cambios en la política monetaria.
De este modo, la evolución futura de la TPM seguirá evaluándose Reunión a Reunión en función del desarrollo de los acontecimientos. El Consejo reafirma que tomará las decisiones necesarias para cumplir con su objetivo de que la inflación proyectada se ubique en 3% en un horizonte de dos años.
En cuanto al corredor de TPM, su límite inferior se relaciona con una recuperación de la demanda interna menor a la esperada. Esto podría darse si el impulso de la inversión resulta menor al considerado, lo que afectaría el ciclo del mercado laboral y la confianza. Ello implicaría presiones inflacionarias de mediano plazo menores que las proyectadas, haciendo necesaria una menor TPM en el horizonte de proyección.
El límite superior del corredor de TPM corresponde a una situación en que la inflación es mayor y más persistente que lo previsto, lo que podría darse si el shock de costos y/o su propagación supera lo esperado. Esto podría ocurrir en un panorama en que la economía es más dinámica, lo que elevaría los efectos de segunda vuelta del shock de costos por sobre lo anticipado, reforzando los mecanismos de persistencia inflacionaria. En este caso, sería necesaria una TPM más contractiva para asegurar la convergencia de la inflación a la meta (gráfico 11).