Resumen IPoM Junio 2026





Según lo esperado, la inflación total ha aumentado con rapidez, impulsada por el significativo shock de costos derivado del conflicto en Medio Oriente. Por su parte, durante el primer trimestre, la demanda interna evolucionó en línea con lo previsto, mientras que la actividad sorprendió negativamente, asociado en gran medida al desempeño de sectores vinculados a recursos naturales. En el frente externo, el incremento del precio del petróleo llevó a alzas de la inflación en diversas economías. La actividad global se mantiene resiliente, en parte por el impulso de las nuevas tecnologías, lo que ha sostenido condiciones financieras favorables. En este contexto, las proyecciones para el período 2026-2028 incorporan ajustes acotados. La expansión del PIB prevista para 2026 se reduce, principalmente, como consecuencia del resultado del primer trimestre. En contraste, para 2027 se anticipa un rango de crecimiento más elevado, impulsado en parte por un mayor dinamismo de la inversión. En la demanda interna, no se observan revisiones significativas a nivel agregado, aunque sí cambios en su composición, especialmente en 2026. En particular, se proyecta un mayor empuje del gasto público y un menor impulso del consumo de los hogares, cuyos fundamentos se han debilitado. La inversión también se revisa a la baja para este año, como resultado de datos efectivos menores a lo previsto. Sin embargo, sus proyecciones de mediano plazo han aumentado. Las perspectivas para la inflación siguen considerando que la variación anual del IPC retornará a valores del orden de 3% durante el segundo trimestre del próximo año. El Consejo estima que el balance de riesgos para la inflación se ha ido equilibrando, aunque el escenario macroeconómico sigue sujeto a un grado de incertidumbre mayor al habitual. De este modo, la evolución futura de la Tasa de Política Monetaria (TPM) irá evaluándose Reunión a Reunión en función del desarrollo de los acontecimientos.

En línea con lo previsto, la inflación aumentó rápidamente en los últimos meses, impulsada por el significativo shock de costos causado por las tensiones en Medio Oriente. La variación anual del IPC total subió hasta 3,9% en mayo (2,4% en febrero), reflejando principalmente el alza de los precios de los combustibles. Esto elevó la inflación del componente volátil hasta 5,1% anual en mayo.

Hasta ahora, la dinámica inflacionaria ha evolucionado en línea con lo esperado, con un traspaso del shock hacia otros precios acorde con sus promedios históricos. Ello se refleja en una variación anual del IPC subyacente que se ubica en 3,2%, en línea con lo previsto en marzo (gráfico 1). En todo caso, si bien los riesgos para la inflación se han balanceado, siguen siendo relevantes y deben ser monitoreados cuidadosamente (Recuadro II.1).

 

 

La actividad se contrajo en el primer trimestre, con un resultado menor al proyectado. En gran parte, ello se explicó por el desempeño de rubros vinculados a recursos naturales. Destacó la caída de la minería del cobre, asociada a una menor ley del mineral y a mantenciones en algunas faenas. Se sumó el retroceso de los sectores agropecuario-silvícola y pesca, que afectó a otros rubros a través de encadenamientos productivos. La construcción y algunos servicios también tuvieron un desempeño por debajo de lo esperado (gráfico 2). En abril, los sectores vinculados a recursos naturales continuaron restando impulso a la actividad. No obstante, la evidencia histórica y otros antecedentes apuntan a una reversión de estos efectos durante el segundo semestre, salvo por la minería, donde serían más persistentes. La naturaleza de estos shocks y su acotada propagación al resto de la economía sugieren ajustes temporales del producto potencial y efectos limitados sobre la brecha del producto (Recuadro I.3).

 

 

En el agregado, en el primer trimestre el gasto interno se comportó en línea con lo previsto (gráfico 3). De todos modos, se observaron diferencias en su composición. El consumo privado mantuvo un ritmo de crecimiento similar al del período previo (1% trimestral, descontada la estacionalidad), mientras que el consumo público registró un fuerte repunte. Por su parte, la formación bruta de capital fijo (FBCF) se debilitó, especialmente el componente de maquinaria y equipos, tendencia que se prolongó en los datos conocidos del segundo trimestre. Construcción y otras obras tuvo un desempeño menor al proyectado, con lo que se mantuvo prácticamente estancado, y sigue afectado principalmente por el segmento habitacional.

 

 

Varios de los fundamentos del consumo privado han tenido una evolución menos favorable desde el último IPoM. En el mercado laboral, la tasa de desempleo ha aumentado, mientras distintos indicadores que revelan una débil creación de puestos de trabajo y una recomposición desde empleo formal hacia el informal (gráfico 4). A su vez, el shock externo ha disminuido la variación anual de los salarios reales —producto de la rápida alza de la inflación— y ha afectado negativamente las expectativas de los consumidores (gráfico 5). En este contexto, los datos de actividad de abril dieron cuenta de un menor dinamismo en rubros ligados al consumo privado.

 

 

 

Para este año, se prevé un gasto público mayor al considerado en el IPoM pasado, el que incluía la totalidad de los recortes estipulados en el oficio del Gobierno emitido en marzo. El cambio incluye, además, un reconocimiento de mayores gastos comprometidos para 2026, en línea con lo reportado en el último Informe de Finanzas Públicas (IFP). De este modo, coherente con los antecedentes de dicho Informe, el supuesto de gasto fiscal de este IPoM es 1,2 puntos porcentuales del PIB mayor que lo proyectado en marzo.

En el escenario externo, al igual que en Chile, la inflación ha subido por los efectos del alza de los precios del petróleo. Con marcados vaivenes, estos se mantuvieron por sobre US$90 el barril durante las semanas previas al cierre estadístico —10 de junio. Hasta dicha fecha, los contratos de futuros seguían apuntando a una disminución de los precios, aunque permanecían en niveles superiores a los observados previo al inicio del conflicto (gráfico 6).

 

 

La actividad mundial se ha expandido en línea con lo esperado. El dinamismo de los sectores tecnológicos en varios países continúa apoyando las condiciones financieras, la inversión y la actividad. No obstante, existe heterogeneidad en esta materia, pues las economías más involucradas en el desarrollo de las nuevas tecnologías —principalmente Estados Unidos y algunas de Asia— se han visto más beneficiadas que el resto (Recuadro I.1) (gráfico 7).

 

 

La mayor preocupación por la inflación, en un contexto de actividad resiliente, ha vuelto más contractivas las perspectivas de política monetaria en un conjunto de economías. La mayoría de los bancos centrales siguen mostrándose cautos de cara a sus próximas decisiones, y varios resaltan los riesgos al alza para la inflación. Destaca Estados Unidos, donde los datos económicos más recientes han reforzado la expectativa de alzas de la tasa Fed Funds, además del aumento de la tasa rectora efectuado por el Banco Central Europeo en su reunión de junio (gráfico 8).

 

 

En este escenario, las condiciones financieras globales continúan mostrando volatilidad. Respecto del IPoM pasado, los activos más riesgosos han recuperado su valoración, especialmente en los sectores tecnológicos, mientras que el dólar global se sitúa en niveles similares. Las tasas de largo plazo han seguido aumentando en las principales economías, reaccionando a los cambios en las perspectivas de inflación y política monetaria, así como a los crecientes desbalances fiscales. A nivel local, el peso y el IPSA no registran variaciones significativas al comparar los cierres estadísticos de este IPoM y el anterior (gráfico 9).

 

 

Proyecciones

En lo externo, la nueva trayectoria de precios del petróleo es algo más alta que la prevista en marzo. Considerados los contratos de precios futuros de los diez días previos al cierre estadístico —10 de junio—, se suponen valores del barril (promedio WTI-Brent) de US$90 en 2026, US$78 en 2027 y US$74 en 2028. En promedio, estos son del orden de 4,5% mayores que los del último IPoM.

En la medida que la oferta global de petróleo se mantenga restringida, podrían darse escenarios de alzas más extremas del precio del crudo. El uso de los inventarios de petróleo para suplir la menor oferta global ha ido reduciendo su disponibilidad y con ello su capacidad de mitigar los impactos en el precio. Esto abre la posibilidad de escenarios donde el precio del crudo tenga incrementos más extremos, lo que impactaría de forma significativa la inflación global (Recuadro I.2). En todo caso, si ocurriera esta situación también generaría efectos contractivos en la actividad mundial, a través del deterioro de los ingresos, las expectativas y las condiciones financieras.

La proyección para el precio del cobre aumenta para el período 2026-2028, mientras que las perspectivas para la actividad mundial son similares a las del IPoM previo. Lo primero se condice con los mayores precios efectivos y una sólida demanda global, apuntalada por el aumento del gasto en defensa, la transición energética y la inversión en nuevas tecnologías. Se prevén valores de US$5,8; 5,2; y 5 en 2026, 2027 y 2028, respectivamente (US$5,4; 5,1; y 5 en marzo) (gráfico 10). Por su parte, las proyecciones vuelven a considerar una expansión del PIB de los socios comerciales chilenos de 2,8% en el trienio 2026-2028.

 

 

En lo interno, las proyecciones mantienen una trayectoria similar para el consumo, aunque con cambios en su composición. Para el consumo privado, se moderan los avances previstos para 2026 y 2027, en línea con la evolución de sus determinantes. Lo contrario ocurre con el consumo público, cuya expansión en 2026 es mayor a la señalada en marzo, acorde con las nuevas proyecciones fiscales. Para 2027 y 2028, se considera el gasto público comprometido que se indica en el último IFP.

La estimación de crecimiento de la FBCF se reduce para este año. En ello incide la sorpresa negativa del primer trimestre y la evolución menos favorable de los datos conocidos en el margen. Con ello, la proyección pasa desde 4% en marzo a 2,2% en este IPoM.

Sin embargo, las perspectivas de mediano plazo para la inversión han seguido aumentando. El último catastro de la Corporación de Bienes de Capital elevó en 33% los montos previstos de inversión en grandes proyectos para el período 2026-2029. Un factor detrás de esta mejora son los altos niveles en que ha permanecido el precio del cobre, junto con condiciones financieras sin cambios sustantivos en meses recientes. Considerados estos antecedentes, se proyecta un crecimiento de la inversión de 5% en 2027 (3,2% en marzo) y de 3,2% en 2028 (2,8% en marzo) (gráfico 11).

 

 

El rango de crecimiento previsto para 2026 se reduce a 1,0-1,75% (1,5-2,5% en marzo), revisión que se explica en gran medida por la sorpresa negativa del primer trimestre. Destaca en este cambio la contracción prevista para la minería. Para 2027, el rango se eleva a 2,0-3,0% (1,5-2,5% en marzo), empujado en parte por el mejor desempeño de la inversión. Para 2028, el rango se ajusta a 1,75-2,75% (1,5-2,5% en marzo) (gráfico 12).

 

 

Respecto de la inflación total, al igual que en marzo, se sigue proyectando que regresaría a valores en torno a 3% en el segundo trimestre de 2027. Para fines de este año se prevé una inflación algo mayor que en marzo, en lo principal por el cambio en el supuesto para el precio del petróleo.

Para la inflación subyacente, no hay cambios. La propagación del shock de costos al resto de los precios de la economía ha estado en línea con lo previsto y se mantiene el supuesto de que se comportará de acuerdo con los patrones habituales. En todo caso, el monitoreo de este supuesto sigue siendo importante. Las presiones inflacionarias provenientes del gasto no tienen cambios sustanciales, con correcciones en direcciones opuestas para las perspectivas de gasto público y privado. La proyección considera que el tipo de cambio real se mantendrá en torno a su nivel de largo plazo, con una evolución similar a la planteada en marzo (gráfico 13).

 

 

Las expectativas de inflación del mercado muestran un panorama coherente con este escenario. En el corto plazo, prevén inflaciones anuales algo por sobre 4% durante algunos trimestres. A uno y dos años plazo, se ubican alrededor de 3%.

Tras el cierre estadístico de este Informe, se anunció la firma de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, que se concretaría el viernes 19 de junio. Los mercados financieros globales reaccionaron positivamente al anuncio, registrándose alzas de las bolsas, caídas de las tasas de interés y una depreciación global del dólar. Respecto de los precios de las materias primas, destacó la caída del precio del petróleo. Este volvió a niveles algo por debajo de US$80 el barril (promedio WTI-Brent), lo que representa descensos algo mayores al 10% en el precio de corto plazo. A dos años plazo, la trayectoria de los contratos futuros muestra un precio alrededor de 3% menor que lo considerado en el escenario central.

Con todo, el desarrollo del conflicto se ha caracterizado por constantes vaivenes en torno a un acuerdo de paz. Por esta razón, es necesario seguir observando el curso de los acontecimientos y evaluando su impacto en las perspectivas inflacionarias.

Política monetaria

El Consejo estima que el balance de riesgos para la inflación se ha ido equilibrando, aunque el escenario macroeconómico sigue sujeto a un grado de incertidumbre mayor al habitual. El conflicto en Medio Oriente no se ha resuelto definitivamente y la oferta mundial de petróleo no se ha normalizado. Por otro lado, si bien el desempeño de la actividad ha estado afectado principalmente por factores de oferta transitorios y las perspectivas de demanda no tienen mayores cambios, varios determinantes del consumo de los hogares han tenido un comportamiento menos favorable.

De este modo, la evolución futura de la TPM irá evaluándose Reunión a Reunión en función del desarrollo de los acontecimientos. El Consejo reafirma que tomará las decisiones necesarias para cumplir con su objetivo de que la inflación proyectada se ubique en 3% en un horizonte de dos años.

En cuanto al corredor de TPM, sus límites inferior y superior están definidos por escenarios similares a los considerados en marzo. El primero se relaciona con un deterioro más marcado de la demanda local. Esto podría darse por un mayor debilitamiento del mercado laboral, así como de las expectativas de hogares y empresas. Ello reduciría las presiones inflacionarias de mediano plazo, haciendo necesaria una menor TPM en el horizonte de proyección.

La parte alta corresponde a una situación en que la inflación es mayor y más persistente que lo previsto, lo que podría darse si el shock de costos y/o su propagación supera lo esperado. Esto podría ocurrir en un panorama en que la economía es más dinámica tanto en Chile como en el mundo, lo que elevaría los efectos de segunda vuelta del shock de costos por sobre lo anticipado, reforzando los mecanismos de persistencia inflacionaria. En este caso, sería necesaria una TPM más contractiva para asegurar la convergencia de la inflación a la meta.