Resumen IPoM Marzo 2026





Durante los últimos meses, la economía chilena evolucionó según lo previsto. A fines de 2025 la actividad se expandió a un ritmo coherente con su potencial y la inflación de febrero se ubicó algo por debajo de 3%. Sin embargo, la guerra en Medio Oriente ha elevado considerablemente los precios externos de la energía y ha añadido un alto grado de incertidumbre a las perspectivas para la economía global y local, luego de que en el inicio del año se observara un mayor impulso externo. Con la información al cierre estadístico, en el escenario central la inflación tendrá un alza importante en el segundo trimestre asociada, principalmente, a los mayores precios internacionales de los combustibles. Respecto de la actividad, diversos aspectos influirían en su evolución: el nuevo escenario internacional, el ajuste del gasto fiscal anunciado por el gobierno a mediados de marzo y factores de oferta en sectores como la agroindustria y la minería. Con esto, el rango de crecimiento del PIB para este año se reduce a 1,5-2,5% (2-3% en diciembre). El escenario macroeconómico está sujeto a un grado de incertidumbre mayor al habitual. El Consejo estima que será necesaria la constante evaluación de los escenarios alternativos en que la respuesta de la economía mundial y local pueda configurar presiones inflacionarias distintas de las esperadas y requiera de cambios en la política monetaria. De este modo, la evolución futura de la Tasa de Política Monetaria (TPM) irá evaluándose Reunión a Reunión en función del desarrollo de los acontecimientos. De todos modos, el punto de partida de la economía chilena le permite enfrentar de mejor manera escenarios complejos.

El inicio de la guerra en Medio Oriente ha provocado un shock significativo sobre los precios internacionales de la energía y ha elevado la incertidumbre macroeconómica y financiera. La guerra ha afectado el abastecimiento de diversas materias primas, entre ellas el petróleo, cuyo precio se ubica por sobre los US$100 el barril. Otros productos también se han encarecido, como los fertilizantes, el gas natural y diversos químicos, a lo que se suma el mayor valor de los costos de transporte (gráficos 1 y 2). Dado el tamaño del shock, estas alzas tendrán un impacto directo significativo en la inflación a nivel global y local. No obstante, por ahora, es difícil anticipar con una certeza razonable la duración, intensidad y efectos de la guerra.

 

 

 

Las condiciones financieras globales se han deteriorado ante este escenario. Respecto de fines de febrero, las bolsas globales han tenido un desempeño negativo, las monedas se han depreciado frente al dólar y las tasas de interés nominales han subido. El mercado local ha replicado estos desarrollos, destacando la depreciación del peso, que revirtió la apreciación que tuvo en los dos primeros meses de 2026 (gráfico 3).

 

 

Estos acontecimientos han deshecho gran parte de las mejoras previas que habían registrado las expectativas del mercado para el crecimiento global. Destacaba Estados Unidos, donde la expansión del PIB en el tercer y cuarto trimestre de 2025 superó lo anticipado, revelando un mayor impulso asociado al auge de la inversión en nuevas tecnologías (gráfico 4). Europa, China y América Latina también anotaron tasas de expansión mejores a lo esperado. En cuanto al precio del cobre, este alcanzó niveles mayores que los previstos en diciembre, aunque ha retrocedido tras el inicio de la guerra.

 

 

A nivel local, la inflación se ubica en niveles algo por debajo de 3%, con una reducción un poco más rápida que lo estimado en el IPoM previo. La variación anual del IPC total descendió desde 3,4% en noviembre a 2,4% en febrero, influida de modo importante por el componente de electricidad, una vez que el incremento asociado al proceso de descongelamiento de tarifas en enero de 2025 dejó de afectar las variaciones anuales. Por su lado, la inflación subyacente —sin volátiles— se ubicó en 3,3% anual, en línea con lo planteado en diciembre (gráfico 5).

 

 

El PIB cerró 2025 con un crecimiento de 2,5%, similar a lo estimado. El desempeño de los sectores no mineros empujó la actividad a lo largo del año, con una expansión que fue en parte apoyada por factores transitorios de oferta, que implicaron un crecimiento potencial algo mayor en 2025 (Recuadro II.1). En este contexto, la brecha de actividad de estos rubros se encuentra prácticamente cerrada. En cuanto a la minería, la producción ha caído en los últimos trimestres por una menor ley del cobre y efectos más persistentes de las disrupciones en algunas faenas, elementos que siguen reflejándose en las cifras de actividad de inicios de año (gráfico 6).

 

 

El consumo privado sostuvo su dinamismo, en medio de un mejor comportamiento de varios de sus determinantes durante los meses anteriores. Entre ellos, se observaron mejores expectativas de los consumidores y un sostenido aumento de los ingresos laborales reales, en cuya composición domina el crecimiento de los salarios frente a una creación acotada de empleo. La tasa de desocupación no mostró mayores cambios.

La formación bruta de capital fijo (FBCF) continuó creciendo, apuntalada por los proyectos en minería y energía. Por componentes, maquinaria y equipos fue el que más contribuyó al avance de la inversión en 2025, en contraste con el rezago de construcción y obras. En el margen, tras la fuerte aceleración de trimestres anteriores, la FBCF siguió expandiéndose, pero a un ritmo menor (gráfico 7).

 

 

Proyecciones

Las proyecciones del escenario central de este IPoM se desarrollan en un escenario especialmente incierto y con riesgos relevantes. En este contexto, el análisis de los escenarios sensibilidad cobra una importancia mayor a la usual.

En el plano externo, uno de los principales ajustes de este IPoM recae en los precios del petróleo. En el escenario central, se considera una trayectoria coherente con el promedio de los contratos de futuros en los cinco días previos al cierre estadístico. Esto implica precios promedio del orden de US$100 por barril en el segundo trimestre del año y US$86 en 2026, 60 y 40% por sobre lo previsto en diciembre, respectivamente (Recuadro II.2). Para 2027 y 2028, se prevén precios superiores a los considerados en diciembre, incorporando una mayor prima geopolítica (gráfico 8). Se suman también revisiones al alza en otros componentes de energía y alimentos.

 

 

En el escenario central, los efectos negativos de la guerra sobre el crecimiento mundial compensan gran parte de los mejores resultados observados en la última parte de 2025. De este modo, se proyecta que el PIB de los socios comerciales tendría una expansión de 2,7% durante este año, similar al 2,6% del IPoM de diciembre. Para 2027 se mantiene un crecimiento de 2,7%, mientras para 2028 se proyecta un aumento de 2,9% (gráfico 9).

 

 

Pese a las correcciones de los últimos días, el precio del cobre ha tenido una trayectoria por sobre lo anticipado. En ello sigue influyendo el impulso de una mayor demanda vinculada a usos no tradicionales, como la inteligencia artificial, la transición energética y el gasto en defensa. El escenario central considera mayores precios promedio: US$5,4; 5,1; y 5,0 para los años 2026, 2027 y 2028, respectivamente.

En lo local, las proyecciones incorporan el ajuste del gasto fiscal anunciado por el Gobierno a mediados de marzo. Respecto del escenario central del IPoM de diciembre, esto implica una reducción del gasto fiscal de US$3.800 millones en los términos que señala el oficio del Ministerio de Hacienda. Es importante resaltar que el escenario central no incluye otras medidas gubernamentales, cuyo momento de implementación y contenido final deben ser definidos. Ello podría modificar las perspectivas para el impulso fiscal.

En el escenario central, el rango de crecimiento del PIB para este año se reduce a 1,5-2,5% (2,0-3,0% en diciembre). Esto recoge los efectos sobre la actividad del nuevo escenario internacional, el menor gasto fiscal y un peor desempeño de la minería —por la persistencia de los factores que incidieron en una menor producción durante el año pasado. Para 2027, el rango de crecimiento del PIB se mantiene en 1,5-2,5%, misma proyección que se anticipa para 2028 (gráfico 10). Ello es coherente con la estimación del crecimiento tendencial de la economía (Recuadro II.3).

 

 

Las perspectivas para el gasto de hogares y empresas se corrigen levemente a la baja. En ello tiene un rol destacado el deterioro de la situación externa, a lo que se suma el menor gasto fiscal. En todo caso, esto es en parte compensado por el continuo crecimiento de los ingresos, expectativas que han mejorado y una cartera de proyectos de inversión superior a la de años previos (gráficos 11 y 12).

 

 

 

Para la inflación total, las revisiones se concentran en el corto plazo, asociadas principalmente al impacto de la guerra en los precios internacionales de los combustibles. Esto provoca un aumento relevante de la inflación, que se ubicaría en torno a 4% anual desde el segundo trimestre. Este escenario incorpora las alzas de los precios de los combustibles a nivel local que fueron anunciadas el lunes 23 de marzo. La inflación volvería a 3% hacia el segundo trimestre de 2027.

La inflación subyacente también se revisa al alza en el corto plazo, aunque en una magnitud acotada. Este aumento se justifica en los efectos de segunda vuelta derivados del shock de los precios internacionales de los combustibles. La proyección considera que la propagación de este shock al resto de la economía será la habitual. Hacia el mediano plazo, estos efectos se ven compensados por el impacto del menor gasto fiscal en la demanda interna (gráfico 13). Estas proyecciones consideran que el tipo de cambio real (TCR) irá convergiendo a sus niveles de largo plazo, con una trayectoria similar a la planteada en diciembre (Recuadro II.3).

 

 

Política monetaria

Como ya fue destacado, la definición del escenario central está sujeta a un grado de incertidumbre mayor al habitual. En lo externo, podría darse que la guerra se extienda, se profundicen los daños a la producción de energía y/o el tránsito de materias primas siga afectado por más tiempo, verificándose mayores alzas de los precios de distintas materias primas. Tampoco puede descartarse que existan respuestas de política monetaria o fiscal que reduzcan los impactos en los mercados financieros y la actividad global. En lo interno, no puede descartarse que el impulso fiscal o la respuesta del consumo sean distintos de lo supuesto en el escenario central. Todo esto releva la necesidad de evaluar escenarios alternativos.

Respecto del corredor de TPM, en la parte inferior se considera un escenario donde los efectos negativos sobre la actividad son mayores que lo previsto en el escenario central. Esto provocaría una mayor reducción de las presiones inflacionarias de mediano plazo, haciendo necesaria una menor TPM en el horizonte de proyección.

En la parte superior, la inflación es mayor y más persistente de lo previsto, lo que podría darse si el shock de costos y/o su propagación supera lo esperado. Esto podría ser alimentado por una demanda interna más dinámica, que se sustenta en un mejor desempeño de la economía mundial, un impulso fiscal mayor o expectativas locales que apuntalan las decisiones de gasto privado. También podría ocurrir que se den mayores efectos de segunda vuelta que refuercen los mecanismos de persistencia inflacionaria (gráfico 14).

 

 

El Consejo estima que será necesaria la constante evaluación de los escenarios alternativos en que la respuesta de la economía mundial y local pueda configurar presiones inflacionarias distintas de las esperadas y requiera de cambios en la política monetaria. De este modo, la evolución futura de la TPM irá evaluándose Reunión a Reunión en función del desarrollo de los acontecimientos. Con todo, el punto de partida de la economía chilena, con una brecha prácticamente cerrada, una inflación baja y expectativas de inflación en torno a la meta, permite enfrentar de mejor manera los desafíos del incierto escenario y de reaccionar de manera efectiva a los cambios de este para asegurar la convergencia de la inflación a la meta.

El Consejo reafirma que tomará las decisiones necesarias para cumplir con su objetivo de que la inflación proyectada se ubique en 3% en un horizonte de dos años.