Prefacio

A través de los años, Chile ha adquirido un merecido prestigio dentro de las economías emergentes como líder en el diseño y la adopción de buenas políticas macroeconómicas y microeconómicas. Un régimen de políticas estables y transparentes ha entregado los fundamentos para, en el contexto de una economía de mercado abierta y liberalizada, entregar al sector privado la libertad de acción para ser un motor del crecimiento. Los resultados hablan por sí solos: un crecimiento sostenido durante la mayor parte de la década de los 1990s y solidez para enfrentar las turbulencias actuales, asociadas a una economía mundial débil y a los problemas existentes en otros lugares de América Latina.

Esta importante serie de libros destaca la importancia dada por los hacedores de política de Chile a adoptar un enfoque de apertura y rigurosidad intelectual en el desarrollo de sus actividades. Los temas abordados en esta serie son diversos: desde la economía monetaria y cambiaria a los mercados financieros, y desde la arquitectura financiera internacional al comportamiento del ahorro y del crecimiento. El establecimiento de las políticas correctas en estas áreas no sólo es relevante para Chile, sino que para todos los países –desarrollados y en desarrollo—que eligen participar en un mundo crecientemente globalizado.

El crecimiento de los flujos de capitales internacionales ha aumentado los desafíos que enfrentan por los encargados de las políticas económicas. La existencia de grandes flujos de capital aumenta el beneficio potencial de una buena política que impresione favorablemente a los inversionistas, pero amplifica las pérdidas de una política inadecuada. A su vez, esto significa que los países deben redoblar sus esfuerzos para limitar su vulnerabilidad a los shocks externos fortaleciendo la estructura de sus políticas domésticas.

Los volúmenes, además de presentar investigación desarrollada o apoyada por el Banco Central de Chile, contienen contribuciones de una amplia selección de académicos e investigadores de primera línea, pertenecientes otros bancos centrales, instituciones internacionales y centros de estudio privados. Ellos presentan una enorme gama de experiencias y perspectivas de interés, en artículos que van desde el trabajo analítico, a los casos de estudio de países y la investigación empírica usando bases de datos mundiales. No existe nada que pueda reemplazar al análisis empírico en profundidad sobre la experiencia de un país específico cuando se intenta formular un buen consejo para un caso particular.

Las metas de inflación–el tema del quinto volumen– son un buen ejemplo de ello. Hace ya más de una década que este esquema fue implementado, en forma pionera, por Nueva Zelanda y Chile. Desde entonces, países tan diversos como Brasil, el Reino Unido y Suecia también han decidido adoptarlo. Ello nos entrega un gran campo de experiencias sobre las cuales aprender para decidir como y cuando las metas de inflación son una buena elección, y de que manera su funcionamiento se hace más efectivo.

Los análisis empíricos de Chile, Nueva Zelanda, Australia y Brasil, contenidos en este volumen particular de la serie, muestran que las metas de inflación pueden ser útiles para países que buscan la estabilidad de precios sin pagar un alto costo en términos de producto y crecimiento. El éxito en este objetivo, sin embargo, dependerá de la credibilidad y consistencia con que éste sea buscado. En ese sentido, un mérito importante de las metas de inflación es obligar al banco central a ser transparente sobre sus objetivos, y la forma en que los persigue. Ello, a su vez, aumenta la responsabilidad de los encargados de las políticas respecto de sus acciones, impulsándolos a lograr un mejor desempeño. Esta lección tiene, claramente, implicancias importantes para un amplio contexto de situaciones.

La experiencia con metas de inflación también nos sugiere, una vez más, que la noción que tengamos respecto a lo que denominamos "buena política" debe ser ajustada a las características específicas de cada país. Es imposible que todos los bancos centrales puedan implementar este régimen con la sofisticación técnica y el despliegue del Banco de Inglaterra. Ello no implica que la adopción del esquema sea una mala idea y deba postergarse.Una lección similar se deriva del análisis de las experiencias de liberalización de la cuenta de capitales. No es casualidad que todos los países industrializados tengan una cuenta de capitales abierta, y que se encuentren plenamente satisfechos con ello. Pero, como lo muestra la historia reciente, la ausencia de un esquema de política adecuado puede causar serios problemas a los países en desarrollo que se muevan con demasiada rapidez en esa dirección.

Otra lección de importancia es la inutilidad de contar con políticas sofisticadas y de vanguardia en un área específica si el resto de las políticas son inconsistentes con ella. Por ejemplo, el éxito de una meta de inflación implementada por un banco central independiente se verá seriamente amenazado por una política fiscal irresponsable o una intervención inadecuada en los mercados cambiarios. En Chile, las autoridades consideran que la política económica descansa sobre tres pilares: una política macroeconómica conservadora, fundada en reglas monetarias y fiscales claras; instrumentos de regulación y supervisión adecuados y promercado; y políticas sociales focalizadas en la reducción de la pobreza a través de la inversión en capital humano.

Los beneficios de una consistencia entre y dentro de estos tres pilares son obvios. Las políticas macroeconómicas orientadas a la estabilidad crean un entorno favorable al crecimiento y reducción de la pobreza. Una regulación y supervisión transparente y promercado incentiva la inversión y ayuda a asegurar la eficiencia y estabilidad del sistema financiero. Las mejoras en el nivel de capital humano, por su parte, tienen un impacto directo de reducción de la pobreza, además de aumentar, a lo largo del tiempo, el tamaño y eficiencia de la economía. La fortaleza del conjunto descansa en la fortaleza de cada uno de los parámetros individuales.

Chile no tiene todas las respuestas. En verdad, ningún país los tiene. Es un deber para los encargados de las políticas en todas partes estar abiertos a las lecciones que puedan obtener de sus colegas en otros países, y aceptar que las respuestas que fueron correctas en un momento pueden no serlo bajo nuevas circunstancias. En la búsqueda de esas respuestas correctas, los análisis y perspectivas contenidos en esta serie serán de gran valor para Chile y para todos los restantes países.

Anne Krueger
First Deputy Managing Director
International Monetary Fund

Banco Central de Chile